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#1


(Natalia Tabares)

#1

- El blanco, es… un color, un color que puede representar bastantes cosas a la vez, una gran antítesis para ser realmente la ausencia de color, lo vuelve un concepto bastante más asombroso de lo que a simple vista aparenta ¿no crees? – me giro al escuchar los tacones de una persona acudiendo a mi pregunta.

La mujer se acerca observando la gran pared blanca y comenta en consecuencia a lo que yo había dicho con anterioridad.

- Observarlo te permite envolverte en esa misma incertidumbre, para así mismo despejar tu mente y conseguir pensar en lo insignificante que puedes llegar a ser… - baja su mirada hasta conectar con la mía – ¿No crees? – dice de manera burlona y ciertamente opresiva.

No permito que vea que su comentario llegó a afectarme, especialmente porque es alguien que no conozco realmente, pero me es inevitable recalcar que es un pensamiento que no comparto. Ciertamente me siento obligado a connotar eso, y aun más que para convencerla a ella, es para convencerme a mí mismo. – No… no era realmente lo que estaba insinuando, no me parece que sea así –

- Pero no descartes la idea. Se nota que una persona como tú no llegará a hacer algo significante con su vida. Eso es algo… inevitable. Mira a tu alrededor, el blanco refleja lo vacías que deben de estar tus expectativas. – Sus palabras suenan demasiado crudas para venir de un extraño, y más raro aún que sean tan convincentes, como si se estuviera apoderando de mi autoestima y super pusiese aquellas ideologías tan represivas.

- Te equivocas – respondo de manera firme. – Conseguiré todos mis objetivos futuros y además podré proponerme unos nuevos. –

Se ríe con desprecio. – Me causa gracia esa palabra –

  • Futuro. ¿De verdad crees que vas a tener uno? Acude nuevamente a tu alrededor; vacío, así te veo en tu susodicho futuro. – Se ríe nuevamente.

  • Te equivocas – le repito.

  • Y lo peor de todo es que te quedan bastantes años para desperdiciar con tu minúscula presencia en el mundo -continua

  • Te equivocas – repito.

  • Creo que, en este punto, serías más útil si te quitaras la vida–

  • Te equivocas, te equivocas, te equivocas, te equivocas, te equivocas – vuelvo a decir, pero cada vez que lo hago pierde aún más la credibilidad, y lentamente me ubico en posición fetal para llorar mientras que mis labios continúan reproduciendo una frase tan hueca.

La mujer se acerca y me agarra del hombro para decirme al oído que no puedo escapar de la verdad. y después de un tiempo… dejo de escuchar a esa mujer tan burda y vuelvo a sentir la dulce voz de Marilyn.

-¡Tomás! ¿Estás bien? – me dice mientras me suelta el hombro.

Me estabilizo hasta sentarme nuevamente en la silla de la que me caí y me seco las lágrimas para responder a la pregunta que me había hecho la doctora hace un momento.

  • Nada. No importa nada en este punto – le respondo.

  • Creí que hace dos días habías dicho que pensabas en estudiar y construir una familia cuando salieras de aquí – me recalca Marilyn sorprendida por mi respuesta y luego me pregunta algo que me deja desconcertado – ¿Volviste a hablar con Ani Sychía?

  • ¿Ani Si qué? – Es un nombre que no me suena para nada.

  • En la sesión de la semana pasada me contaste que ella te había visitado para decirte algunas cosas que te dejaron triste.

No sé de qué me está hablando la doctora, así que me giro hacia la pared blanca que me queda detrás de la silla. Entonces escucho la voz de la doctora Marylin.

  • ¿Tomás? –Al ella llamarme me giro emocionado por verla de nuevo después de tantos días

  • Ah, hola doctora. ¿Estamos listos para la sesión de hoy?

Suspira con tristeza y me dedica una mirada cargada de decepción, una mirada que lentamente se transforma en compasión.

  • Vale. Empecemos con las preguntas, ¿te parece? ¿Qué esperas hacer al salir de aquí?

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