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ABRO LOS OJOS

Actualizado: 30 de nov de 2020

Abro los ojos, me miro al espejo y no veo mi reflejo. Si, veo cada una de las facciones de mi cara plasmada en aquel pedazo de vidrio, sin embargo, no logro ver mi reflejo. Sabiendo que no encontraré respuestas en aquella imagen me retiro e intento sumergirme en la rutina, pero la actividad de mi mente me lo impide, no se conforma con la duda, quiere conocerse. En medio de la incertidumbre, me pregunto si alguna vez alguien ha logrado ver su reflejo, aunque sea un pequeño vistazo, pero la manera en la que los veo mirándose al espejo responde mi pregunta, no, jamás lo han hecho. Se encuentran tan inmersos en la idea de que son su cuerpo que no se detienen jamás a preguntarse quienes son, asumiendo que es lo mismo que decir que son. Como me encantaría abrirles los ojos, mostrarles lo que hay más allá de lo físico, pero se me hace imposible dado que yo estoy igual de ciega.



(Ilustración por: Taerim Lee)

Increíble, se me hace increíble como el humano, la criatura que comprende como ninguna otra el mundo que lo rodea, no es capaz de ver su reflejo, no es capaz de comprender su interior. Su mente, le ha atribuido la capacidad de explicar los fenómenos más bizarros de la naturaleza y de emplear la matemática con el fin de lograr este objetivo, conquistando el conocimiento en diferentes áreas de la realidad como lo son las ciencias. Ha logrado crear lenguajes, mediante los cuales describe, comunica y explica lo que percibe con sus sentidos. No obstante, a pesar de la complejidad y de la amplitud del léxico de estas lenguas, son insuficientes a la hora de describirse a sí mismo, a la hora de describir la identidad propia. El problema no recae en los lenguajes, de manera contraria, recae en aquellos que lo emplean, a quienes se les hace imposible describir algo casi inexistente. De pronto, mi mente se aclara un instante y consigo ver una silueta que aparenta ser mi reflejo.

En ese momento, llega a mi mente la respuesta; los humanos somos una escultura de vidrio, cuya apariencia se encuentra en constante cambio dependiendo de la luz que la atraviese, el único detalle que logra mantenerse estático es la silueta. No somos más que el resultado de las circunstancias que nos rodean, si nos encontráramos en un contexto diferente, si otra luz atravesara nuestro cuerpo, apenas tendríamos un remanente de aquello que nos caracteriza. Ese remanente, esa silueta, es lo único que verdaderamente podemos llamar nuestro y a lo que realmente podemos apegarnos cuando hablamos de nuestra identidad. Teniendo esto en cuenta, por primera vez fui capaz de conocer mi reflejo. Por fin me di cuenta que aquella borrosa silueta que se presentaba ante mi, es mi identidad. Con esto en mente, pude dedicarme a convertir ante mi vista lo que antes era borroso en una nítida imagen, en la imagen que durante tanto tiempo estuve buscando, mi reflejo.


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