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Bicolor


Ilustración por: Juan Andrés Navarro


“Te necesito, sé que no nos hablamos pero me siento sola y estoy cayendo otra vez” Escuché esas palabras que salían de tus dulces labios con un tono triste, me sentí culpable. No era lógico. No estabas sola y lo sé pero aun así me culpo por las lágrimas que caen por tus mejillas.


“Dime” ¿Por qué? ¿Por qué sigo acá ayudándote cuando sabes el daño que me hiciste?. Me cuestiono si seguir la conversación o detenerte y decirte la verdad detrás de mi ayuda. No te quiero escuchar, quiero alejarme, quiero dejarte en el pasado pero eres como esas costras que se forman en mi piel. Aquellas que arrancó cuando tengo la oportunidad dejando la herida abierta.


En el mundo no existen suficientes personas para sanar las heridas del pasado. Cuando hablo con los demás, me doy cuenta del daño y el dolor que me causa dirigirte la palabra. Me gustaría decir que no te volveré a pensar y que solo me quedará aquello que me enseñaste, pero es una mentira. Sin importar a donde camine siempre me encontraré con hoyos de tu larga estadía en mi vida. Cómo podemos pasar de soñar en las noches como sería el próximo encuentro a llorar la última visita. Desde pequeña me han dicho que pongo a los demás por delante, y que mi bienestar depende del equilibrio de quienes me rodean. Debo admitir que en toda mi vida nunca entendí en realidad el significado de eso, siempre sonreía y esperaba el momento perfecto para darle a alguien una razón para sonreír.


Llegaste tú, tus problemas y tu amor, tu roto corazón y tus cálidos abrazos. Sentí calma cada vez que sonreías y olvidabas todo lo que te atormentaba; me llenaba el cuerpo un hermoso color amarillo cuando me agradecías en ves de disculparte por escucharte. Veía el mundo de un hermoso naranja cuando comíamos un postre y nos reíamos hasta no poder contener las lágrimas de alegría. Toda la escena se llenaba de cálidos colores cuando me veías a los ojos y me decías un corto y sincero “Te amo”. Pero de repente nos rodeaba una ola gris, una triste nube se posaba sobre nuestros corazones cuando nos encontrábamos con una realidad en donde no existíamos solo nosotras. Cada pelea agregaba una raya azul en mi corazón, y por cada lágrima que derramé dejaba de ver aquellos colores cálidos. Sin embargo, deje que ese escenario frío y triste me rodeara por llevarte a ti a aquella escena de colores sobresaturados. Me deje llevar por el amarillo que me acobijaba cuando sonreías, pero decidí ignorar la tormenta de la que me protegía. “No importa”. Me dije más de una vez, porque tu incondicional amor siempre estuvo ahí, aun cuando me ignorabas o apartabas de tu vida aunque yo buscaba hacerte feliz.


Después de mucho me di cuenta que a pesar de tenerlo todo no era feliz, no eras tú y tampoco yo. La mezcla de nuestros colores no resultaban en ese hermoso rojo carmesí que parece nacer de las hermosas relaciones; creí una vez verlo en el abrazo de mis papás pero se desvaneció con el tiempo. Tal vez en algún momento creamos el carmesí pero el tiempo se ocupó de disiparlo, difuminarlo con los cientos de nuevos colores en nuestra vida. Me despedí, te lastimé y te deje sola con tus sentimientos, aquellos que me rodearon cuando me dejé llevar. Me preocupe por mi primero, me puse por encima de los demás, no me gusto. No es sano y no me hace feliz; haber pensado en mi felicidad antes que tu bienestar me destruyó. Creí que mi vida volvería al arcoíris de colores que estaba antes de conocerte, dónde estaban aquellos colores cálidos y fríos en un perfecto balance, pero sucedió lo contrario. Me rodeé de mis propios grises y no podía frenarlos, se extendieron desde mis dedos hasta la raíz de mi corazón.


Dos meses después han vuelto el amarillo y el naranja; pude crear una vez mas esa escena que me daba calma y llenaba de felicidad cada centímetro de mi cuerpo. De vez en cuando vuelven los grises pero he aprendido a diluirlos mezclarlos con los nuevos colores en mi vida. Como dije al comienzo, no podré olvidarte y quedarme con lo bueno, las rayas azules quedaron grabadas y los grises aparecen esporádicamente. Buscaré olvidarte pero por ahora me queda la hermosa escena de colores saturados que creé en mi mente.


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