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La escasez del tiempo

Por: Maria Essis


Desde que llegué a Colombia estoy inscrita aquí. He pasado los últimos doce años entrando y saliendo por las mismas rejas verdes que separan al estacionamiento del resto del lugar. He pasado los últimos doce años de mi vida, dos tercios de mi vida, pasando cerca, muy cerca de los edificios de fachada pintada de amarillo y aulas que parecen casitas. Primero, para llegar a alguna de estas casitas, y más adelante, para llegar a un aula con más semejanza a un apartamento que a una casita. Primero, las casitas a las que iba quedaban en un campo amplio, con alfombras de grama que se extendían a esquinas lejanas. Esa grama lejana albergaba todo tipo de florecita, saltamontes y caracol. No sé cómo será ahora. No sé si todavía hay tantas florecitas, saltamontes y caracoles, hace mucho tiempo que no voy por allá. Más adelante, migré a otras casitas en un lugar un poco menos espacioso, pero de todos modos cerca a un campo amplio y verde. Estuve en estas nuevas casitas durante cinco años, sin duda, los cinco años más tiernos de mi vida. Finalmente, me mudaron a aquel edificio de tres pisos, donde me enseñaron cosas más complejas, dónde en verdad aprendí el valor y la escasez del tiempo.

La escasez del tiempo.

El tiempo pasa rápido, y todo cambia en un abrir y cerrar de ojos. A cuarenta años de haberse fundado este lugar, puedo decir que venir acá todos los días, por cuatro mil-trescientos-ochenta días, me ha transformado de una manera inimaginable. He aprendido cosas que estoy segura que en ningún otro lugar pude haber aprendido mejor. Acá están muchas de las cosas que quiero, con las que crecí, con las que aprendí. Muchas personas reniegan por su experiencia de colegio: ¡Ya quiero crecer!, ¡ya quiero ser grande!, pero, ¿de verdad ya quieren ser grandes? Ser grande no es solo aumentar la estatura, crecer no es solo tener más y más cumpleaños. El verdadero crecer depende del aprendizaje y la experiencia, y por eso puedo decir que gracias a mi paso por este lugar, al fin crecí. El paso por este lugar me ha hecho grande.

En el fondo, muy en el fondo, sigo siendo esa niña que llegó a esta institución, con su pelito cortado en bowl y su acento extranjero. Sola, con su mamá. ¡Ella y yo contra el mundo! Y ahora, aunque sigo siendo esa niña, una niña, gracias a este lugar soy una niña que no solo tiene conocimientos académicos, sino una niña que sabe sinergizar, una niña que sabe sobrellevar el rigor de las circunstancias, una niña que reflexiona, un niña que se vuelve más y más empática todos los días, una niña que conoce el valor del tiempo. Y la escasez del tiempo. Una niña que creció, una niña grande.

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