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SER NADIE

Actualizado: 30 nov 2020

El día llegó, luego de 16 días pensando, prediciendo el resultado de hoy. Después de 30 vueltas en el inestable, áspero e incómodo prototipo de cama, me levanté, y me vestí con el uniforme naranja, roto en los hombros, y con el estampado de 6 números por el que me llamaban, para ir al lugar donde definiría mi siguiente paso. Hoy ya mi cabeza no está llena de especulaciones, y en contra de mis deseos, está llena de pura, vil y absoluta realidad. Con 20 personas sentadas a cada lado, unas 7 al frente, percibía con atención los diálogos de las personas en la sala, no me quedaba de otra; mi futuro, en medio de todo, estaba en sus manos.


-Sólo para que conste, indique su nombre, fecha de nacimiento, descríbase brevemente y el porqué está aquí.


Hace mucho no respondía una pregunta de ese tipo, personalmente, por más sencilla que parezca siempre me ha costado encontrarle una respuesta válida. El reloj marcó las 3:04 cuando recibí la pregunta, inmediatamente mi mente empezó a hacer un recorrido intentando buscar la respuesta adecuada. Aquella mujer buscaba información concreta, pero yo sabía que la verdadera pregunta se dirigía hacia: ¿Quién era yo?


-Mi nombre es Gastón Sánchez, nací el 10 de febrero de 1964, soy alegre y tímido, no me gustan las multitudes, hablo poco. Las personas me aburren, el amor de mi vida es la soledad y la música. Por eso, no hablo con mi familia desde hace más de 10 años. No los necesito, todo lo que llegué a necesitar se encuentra aquí mismo.


Justo después, una nueva voz interrumpió el diálogo, una voz más delicada, casi femenina.


-Mi nombre es María Cristina Sánchez, nací el 13 de septiembre de 1972, mi vida se resume en dos palabras: fiesta y coquetería. Me apasionan las buenas noches de baile, conocer gente y hacer amigos en pocas horas. Se podría decir que soy extrovertida y confianzuda pero la verdad le tengo miedo al compromiso.



(Ilustración por: Salomón Alonso)

Esta declaración fue seguida por una voz que había escuchado tantas veces en mis tiempos oscuros.


-Mi nombre es Juan David Sánchez, le tengo un profundo odio a la humanidad. ¿Cómo lo llaman hoy en día? Ah sí, dicen que soy misántropo, me genera cólera el deseo de poder de los humanos y como sobrepasan a todos en el camino. Por lo que, según tantos psicólogos, no siento ningún tipo de remordimiento al hacerle daño a alguien, simplemente me parece un hecho común y corriente, ah y si es de alguna importancia, nací el 18 de agosto de 1993.


Quizás me debí estremecer más por esta respuesta, pero al haberla escuchado por tantos años ya esas declaraciones resbalaban por mi mente. Estaba acostumbrado a escuchar la tercera voz la mayoría de las veces. Sin embargo, las otras dos voces que hablaron previamente también habían compartido conmigo un buen tiempo de mi vida, al principio Gastón y yo éramos inseparables, hacíamos todo juntos. Luego, María C fue la que me acompañó y de a momentos Juan llegaba para comunicarme sus desprecios hacia la gente y hacia él mismo.


-Mi nombre es Luis Alberto Sánchez, actualmente tengo 23 años, nací en 1970. No tengo palabras para describirme, lo considero una pérdida de tiempo. Así como las flores germinan, crecen y eventualmente se marchitan una vez puestas en el florero, los humanos pasamos por el mismo proceso, así que describirme es realmente insignificante. Pues, sólo vivimos para existir, ninguno de nosotros tiene un objetivo de vida. Realmente, el objetivo es sobrevivir, el resto de los aspectos, considero yo, son irrelevantes. No entiendo porqué todos se dejan llevar por trivialidades.


Sabrá Dios cuánto tiempo pasó, yo seguía sin dar respuesta. Quizás todas las caras que me rodeaban estaban cansadas de verme, yo era la razón por la cual todos estaban reunidos aquí desde las 2 de la tarde. Gastón, María, Juan y Luis ya habían dado sus respuestas, ellos me acompañaban siempre. Sí, debo admitir que no siempre estuvieron todos, pero nunca estuve solo. Recorrí caminos de recuerdos, de flores de alegría, de gotas de tristeza, pero incluso después de todo un recorrido, no me animaba a dar mi respuesta.


-Responda por favor si no, no podemos iniciar, y créame que le conviene que empecemos—Dijo la voz inicial con un tono de desesperación.

Otra vez, ¿quién era yo? Nunca entendí por qué me costaba tanto responder, a pesar de que me la pregunté todas las noches desde que llegué aquí. Unas de esas noches viendo hacia las rejas de ese pequeño cuarto, otras, viendo hacia el primitivo inodoro de metal. Todas las noches recibía una respuesta inconclusa, unos días me decidía por ser como Gastón o como María C, y otras me decidía ser como Juan David o Luis, por ende, decidía ser nadie. Nunca tuve muchos amigos, asumo que no los necesité, ellos me decían que no los necesitaba ya que nunca supe quién debía ser para conseguirlos.


Quizás esa pregunta me la debí haber preguntado el día que ocasionó todo esto, el día en el que cometí el acto que causó que me encuentre el día de hoy frente a 40 jurados, 7 expectantes y 1 juez. Fue durante uno de esos episodios donde esas cuatro voces rondaban en mi cabeza, donde no tenía control de lo que estaba haciendo. Una tarde donde la ilusión de control sobre mí mismo hizo que hiciera aquello atroz que fue lo único que logró dar claridad a mi vida. A pesar de que terminé privado de mi libertad física, mi libertad mental era incomparable, pues hoy fue el último día en el que esas cuatro voces, que eran parte de mí, me decían quién debía ser. Después de lo que parecieron horas, me animé a responder.


-Mi nombre es Marco Aranjuez, nací el 10 de febrero de 1964, soy callado, fiestero, misántropo, pesimista y mi crimen fue no definir quién soy; ser nadie por 33 años.


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