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El mundo como un engranaje


Desde pequeño siempre he visto el mundo como un engranaje, donde cada objeto, cada persona, cada animal y cada planta tienen un papel que cumplir, tal como el mecanismo de un reloj: todas las piezas deben estar ensambladas con precisión para así cumplir una tarea en conjunto.

Esta idea me llenaba de fascinación, desde una edad temprana me empecé a preguntar cómo era que este reloj funciona; quería saber la manera en la que las piezas podían acoplarse sin moverse o dañarse, quería saber como funciona cada cosa que me rodeaba. Esta idea, por maravillosa que fuera, normalmente me llenaba de problemas, pues era propenso a desarmar mis juguetes como carros y aviones a control remoto para ver cómo funcionaban, claramente en su momento no era capaz de entender un sistema eléctrico o la manera en la que las ondas eléctricas hacen que los movimientos del control se vieran reflejados en el juguete, pero estas dudas e inquietudes solo me daban más ansias por descubrir como funcionaba todo.

Pasaron los años y mi fascinación siguió creciendo. Ya teniendo un curso de tecnología, lograba entender circuitos básicos al igual que programación básica y con ese conocimiento incluso logré hacer mis propios juguetes como catapultas o carros que podían moverse con poleas y motores. Estos últimos llamaron mi atención desde un principio y, aun con la misma costumbre que de pequeño, los desarmaba para ver que componentes lo hacen funcionar pero, como era de esperarse, no fui capaz de entender la manera en lo hacían, pues este tema se relacionaba a la física, materia con la cual no me relacionaba y para la cual faltaban 2 años para que empezara a estudiar. Esto realmente resultó decepcionante, pues según lo que entendía, la única manera en la que podría desarrollar mis intereses sería a través de la física. Pese a ello, el espacio de dos años me dio tiempo para desarrollarme en otra área de suma importancia: las matemáticas, donde fui capaz de explorar temas que me dejaban ver la explicación detrás de una variedad de fenómenos, uno de los cuales llamó más mi atención fue la secuencia Fibonacci; una sucesión infinita que se puede presentar en prácticamente cualquier elemento del planeta. Me lleno de curiosidad como las matemáticas podían explicar el funcionamiento de algo tan pequeño como el ADN hasta la composición de una cara, como los números y la lógica eran capaces de ilustrar la manera en la que todas las piezas por pequeñas que fueran, tenían un rol que desempeñar

Tras esos dos años, finalmente llegó mi ansiada clase, en la cual obtuve el puntaje máximo dos veces de tres posibles durante el primer año, mediante el curso avanzó y las clases pasaron de la teoría a la práctica, pero las clases no se limitaban a simuladores y simples experimentos, pues mediante estas prácticas aprendí cómo es que tanto la física como la matemática son lo que mueven los engranajes, esto me llevó a la conclusión de que debía dedicarme a entender cómo usar estas ciencias para crear mis propios engranajes. Hoy, tres años después de iniciar mi primera clase de física, fui admitido en la universidad como ingeniero mecánico.


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