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El Diálogo de la Rutina (sobre la dualidad entre ruido y silencio)


Ilustración por: Mariana Zamudio


La vida es una larga conversación. Al igual que las piezas sonoras se dividen por sus componentes (música, efectos de sonido, voz y silencios) la cotidianidad mantiene su fragmentación desperdigada por el número de personas que la quieran apropiar. Con esto me refiero a que cada uno toma el fragmento y lo lleva de la mano por el calendario, otros muchos prefieren dejar a su autómata oxidándose en las primeras ‘’X’’ de este, y otros se saltan las páginas en su mente evitando cortarse los dedos sin saber, que es la única manera de curtir su piel.


Existen dos tipos de silencios: Aquel que antecede la palabra como premonición a los sonidos, y el que la sucede como recapitulación de los sucesos. No hay que dar por sentado que la ausencia de sonidos es la falta de capacidad para producirlos, sino que esta transmuta (en las mentes más atentas al entorno) como un espacio de sí misma y también como la atención a lo que ocurre.


Las cámaras anecoicas cumplen la función de eliminar todas las reflexiones acústicas dejando al individuo que la habita, en lo que se podría denominar como el silencio absoluto. Pero tal cosa no es del todo cierta. Ya que los sujetos que se mantuvieron más de dos horas, manifiestan que luego de que su oído se acostumbra al silencio, comenzaron a escuchar su propia sangre circulando por las venas de sus aparatos auditivos y los latidos del corazón eran mucho más intensos. Por lo tanto, podríamos deducir que el silencio es entonces, sólo la omisión de los sonidos esperados. Que no existe tal cosa como el silencio absoluto, y que la romantización dentro de la poesía al alegar esta frase, no debe ser tomada tan a la ligera.


Por otro lado, el ruido ¿Qué es para alguien el ruido? Si para el motorista el sonido estruendoso de su vehículo es deleite, pero para aquellos que no comparten su entusiasmo por la intensidad del vehículo cuando transita, es molestia; si para algunos la voz del violín es irritante, pero para quienes conocemos el valor de un Stradivarius, es melodía sin precedentes. Dicho de otra forma, el ruido es lo desconocido que se filtra en las costumbres. Podría decir que es una de las formas más cotidianas de romper la burbuja, y de conocer el sentido de las cosas, saliendo de las mismas. Como quien escribe para el oído...de alguna manera, una página en blanco dirá mucho más a dónde se dirige para quien la observa.


Solemos confundir estas dualidades con incapacidad y la otra con malestar, pero a veces olvidamos que de estos contrastes es que surge la percepción, el palpitar de las perspectivas, quizá el mismo que dio vida a este texto. Quien ignore estos puntos de vista, seguramente dejará al medio, al mensaje y su espectador, como soldados de media noche mendigando cualquier luna que algún despistado deje en el marco de la ventana; se vuelven polizones las ideas dentro de un conjunto de personas que obvian lo que ocurre, cuya omisión del cambio fue su amor a primera vista, y última vista, aunque personalmente admire, a todo aquel que en su sano juicio, se vuelve loco por mantener sus ideales.


El silencio muchas veces no es prudencia, ni complicidad… ¿Qué siente aquel que dedica poesía sin quitarle las comillas? ¿Qué da? ¿Qué gana y qué está dispuesto a perder?

La guerra para muchos es ruido y siempre hay una, el único ser que no provoca guerra es el que no está vivo. Las voces que gritan en medio de la ciudad, y la niebla espesa que no deja ver quién está aplaudiendo hasta que se acerca. Siempre están los que ganan y luego, los que quedan.


El mejor pasatiempo que he podido distinguir de las mentes que apropian esta dualidad, es la resurrección. Porque un hombre puede vivir dos, o hasta tres veces, o porque un pueblo tiene que hacerlo las veces necesarias, hasta saberse enterrar con dignidad.

Diría que hay mensajes implícitos que salen del sonido, pero otros nos visten de silencio, y aunque la palabra es la manera más sencilla de fallar, muchos, han muerto por mucho menos.

Cabe recordar que el miedo es solo la respuesta de quienes no se atreven a dudar, por eso omiten su anticipación y la dejan ávidamente a los que decidieron, que una despedida a sus ideales, debía ser semejante al consuelo necesario para el tiempo sin ellos. Y vale la pena colocarse en medio de esta dualidad para darle un nombre, y que con esto, luego todo lo demás se nos haga más corto. (Porque ese siempre ha sido el primer paso: Nombrar el mundo)


El ruido, como la subjetividad del entorno, y el silencio, como antesala y sucesión del presente.

Decía Alejandra Pizarnik ‘’La luz es solo luz en la memoria de la noche’’ y creo firmemente que podríamos parafrasear su sentencia al decir que el ruido es solo ruido, en la memoria del silencio... o, visto desde el marco trabajado, en viceversa.


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